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Manuel Monzó, gerente de APOLO: “Europa necesita acelerar la transferencia de conocimiento hacia el mercado”

Manuel Monzó, gerente de APOLO: “Europa necesita acelerar la transferencia de conocimiento hacia el mercado”

Coronel del Ejército de Tierra en la reserva, con más de cuatro décadas de experiencia en las Fuerzas Armadas españolas y en organismos internacionales como la OTAN, la Unión Europea y Naciones Unidas. Su último destino fue como Subdelegado de Defensa en Castellón. Actualmente compagina su actividad como profesor asociado del CESEDEN con la gerencia del Clúster de la Industria de Defensa de la Comunitat Valenciana (APOLO), desde donde impulsa la participación de las empresas valencianas en programas nacionales y europeos de innovación, tecnología y defensa.

-Desde su experiencia en los sectores de la ciberseguridad y la defensa, ¿cuáles considera que son las principales vulnerabilidades tecnológicas de Europa y qué pasos debería dar para reducir su dependencia de otras potencias?

La geopolítica europea ha cambiado profundamente en los últimos años, especialmente tras la invasión de Ucrania, poniendo de manifiesto la importancia de disponer de capacidades tecnológicas e industriales propias. La principal vulnerabilidad de Europa no es la falta de talento ni de capacidad industrial, sino la dependencia que todavía mantiene en determinadas tecnologías críticas. Los conflictos recientes han demostrado que la capacidad tecnológica e industrial vuelve a ser un factor determinante para la seguridad, la competitividad y la autonomía estratégica de los Estados.

Europa mantiene todavía dependencias relevantes en ámbitos críticos como los semiconductores avanzados, determinados componentes electrónicos, algunas materias primas estratégicas o parte de las infraestructuras digitales esenciales. A ello se suma la creciente utilización de plataformas digitales, servicios cloud y tecnologías de inteligencia artificial desarrolladas fuera de Europa. Aunque estas soluciones ofrecen enormes ventajas, también plantean desafíos relacionados con la protección de los datos, la resiliencia de las infraestructuras críticas y la capacidad de mantener una autonomía de decisión en ámbitos estratégicos.

La actual Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa destaca la importancia de disponer de una base tecnológica e industrial sólida, capaz de adaptarse a escenarios cada vez más exigentes y responder con rapidez a los retos emergentes. En este contexto, resulta necesario seguir reforzando las capacidades propias en aquellas tecnologías consideradas estratégicas, impulsando la inversión en I+D+i y promoviendo una mayor colaboración entre empresas, universidades, centros tecnológicos y administraciones públicas.

Además, resulta fundamental facilitar la participación de startups y pymes innovadoras en los grandes programas nacionales y europeos. Muchas de las soluciones más disruptivas surgen precisamente de este tejido empresarial, que aporta agilidad, especialización y capacidad de innovación.

Europa dispone del talento, la capacidad científica y la experiencia industrial necesarias para liderar muchas de las tecnologías del futuro. El desafío consiste en coordinar mejor esos recursos y transformar la innovación en competitividad, resiliencia y capacidad industrial.

-Usted participará en la mesa redonda «Semiconductores, IA y autonomía tecnológica europea». ¿Cuáles son las principales ideas que quiere destacar durante su intervención y qué mensaje le gustaría trasladar a las empresas y profesionales asistentes?

Me gustaría transmitir una idea fundamental: la autonomía tecnológica europea es hoy una cuestión de competitividad económica, seguridad y capacidad de decisión estratégica.

Los semiconductores y la inteligencia artificial se han convertido en tecnologías habilitadoras esenciales para sectores tan diversos como la defensa, la energía, las comunicaciones, la movilidad o la sanidad. Su desarrollo condicionará en gran medida la capacidad de Europa para mantener su posición en un entorno internacional cada vez más competitivo.

Desde la perspectiva de APOLO, destacaría tres aspectos. En primer lugar, Europa dispone de una excelente base científica, tecnológica e industrial, pero necesita acelerar la transferencia de conocimiento hacia el mercado y hacia aplicaciones concretas que generen valor económico y capacidades tecnológicas sostenibles.

En segundo lugar, es imprescindible incorporar a las pymes y empresas tecnológicas al proceso de fortalecimiento industrial europeo. Muchas innovaciones en inteligencia artificial, ciberseguridad, electrónica avanzada o gestión de datos nacen precisamente en empresas de tamaño pequeño y mediano con una alta capacidad de especialización.

Europa está impulsando iniciativas de gran relevancia como por ejemplo el Fondo Europeo de Defensa (EDF) y el programa DIANA de la OTAN o los futuros instrumentos derivados del Programa Europeo para la Industria de Defensa (EDIP). Estos mecanismos representan una oportunidad extraordinaria para que las empresas valencianas participen en proyectos internacionales de alto valor tecnológico y accedan a nuevas cadenas de colaboración industrial.

Y, en tercer lugar, debemos entender que los semiconductores y la inteligencia artificial son tecnologías transversales que impulsan el desarrollo de otras capacidades avanzadas, como los sistemas autónomos, las comunicaciones seguras o determinadas aplicaciones de computación avanzada.

El mensaje que trasladaría a las empresas y profesionales asistentes es claro: Europa está incrementando de forma significativa los recursos destinados a reforzar sus capacidades tecnológicas e industriales y donde fortalecer la disuasión tiene un peso muy relevante debido a la actual situación geoestratégica. Las empresas valencianas cuentan con activos muy relevantes para participar en este proceso y este es un momento especialmente propicio para colaborar, innovar y posicionarse en proyectos de ámbito nacional y europeo.

-Los semiconductores y la inteligencia artificial se han convertido en tecnologías fundamentales tanto para la industria como para la seguridad y la defensa. ¿Qué papel desempeñan en el desarrollo de una industria europea de defensa más competitiva y autónoma?

Los semiconductores y la inteligencia artificial constituyen dos de las tecnologías más estratégicas de nuestro tiempo porque son la base de gran parte de los sistemas avanzados que caracterizan la economía digital y la defensa moderna.

Los semiconductores están presentes en radares, sensores, comunicaciones, satélites, drones, sistemas autónomos y centros de procesamiento de datos por poner solo unos ejemplos. La reciente crisis de suministro evidenció hasta qué punto la dependencia exterior puede convertirse en una vulnerabilidad para cualquier economía avanzada.

Por su parte, la inteligencia artificial está transformando la forma en que se procesan grandes volúmenes de información, se toman decisiones y se gestionan operaciones complejas. Permite mejorar el análisis de datos, optimizar procesos, reforzar la ciberseguridad y aumentar la eficiencia de numerosos sistemas.

Además, ambas tecnologías actúan como capacidades habilitadoras de otros ámbitos estratégicos para el futuro, incluyendo los sistemas autónomos, las comunicaciones avanzadas y determinadas aplicaciones cuánticas. Su relevancia trasciende, por tanto, el ámbito estrictamente industrial y adquiere una clara dimensión estratégica.

Para Europa, reforzar estas capacidades supone avanzar hacia una mayor autonomía tecnológica, reducir vulnerabilidades y fortalecer una base industrial capaz de responder a las necesidades futuras de seguridad y defensa.

-Como gerente de APOLO, ha destacado las oportunidades que este sector representa para el tejido empresarial valenciano. ¿Qué capacidades tiene actualmente la Comunitat Valenciana para posicionarse en esta industria y qué oportunidades se abren para las empresas tecnológicas y las pymes?

La Comunitat Valenciana dispone de capacidades muy relevantes para aspirar a convertirse en uno de los polos tecnológicos e industriales de referencia en el ámbito de la defensa y la seguridad en España. Contamos con un ecosistema que integra empresas tecnológicas, industrias avanzadas, universidades y centros tecnológicos de reconocido prestigio.

Existen capacidades destacadas en ámbitos como la ciberseguridad, la inteligencia artificial, las comunicaciones, la electrónica, la fabricación avanzada, los materiales innovadores y los sistemas no tripulados. Además, nuestra tradición industrial facilita la incorporación progresiva de empresas procedentes de otros sectores a las cadenas de valor relacionadas con la defensa.

Un elemento especialmente relevante es el carácter dual de muchas de estas tecnologías, que permiten generar valor tanto en mercados civiles como en aplicaciones relacionadas con la seguridad y la defensa. Esto amplía significativamente las oportunidades para las empresas innovadoras.

Precisamente esa naturaleza dual constituye una de las grandes fortalezas del tejido empresarial valenciano. Muchas empresas que actualmente operan en sectores civiles disponen ya de capacidades susceptibles de incorporarse a programas de seguridad y defensa, ampliando sus oportunidades de crecimiento y diversificación.

Las pymes valencianas cuentan con capacidades muy competitivas en análisis de datos, software avanzado, sensores, simulación, inteligencia artificial, comunicaciones seguras y ciberseguridad. Precisamente son estas capacidades las que están siendo cada vez más demandadas en los programas de innovación tecnológica vinculados a la defensa.

Desde APOLO trabajamos para conectar ese talento y esas capacidades con las oportunidades que ofrecen los programas nacionales y europeos, facilitando la colaboración y el desarrollo de proyectos de alto valor añadido.

-La ciberseguridad es uno de los grandes retos asociados al desarrollo de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial. ¿Cómo están evolucionando las amenazas digitales y qué importancia tiene desarrollar capacidades propias de ciberseguridad para garantizar la autonomía tecnológica europea?

Las amenazas digitales evolucionan a una velocidad extraordinaria. Hoy ya no hablamos únicamente de ataques contra sistemas informáticos, sino de campañas complejas que combinan ciberataques, espionaje industrial, robo de propiedad intelectual, desinformación y acciones dirigidas contra infraestructuras críticas.

La inteligencia artificial está actuando como un factor multiplicador. Por un lado, mejora las capacidades de detección y respuesta frente a amenazas; por otro, facilita el desarrollo de ataques más sofisticados y automatizados.

En este contexto, la ciberseguridad se ha convertido en un elemento esencial para proteger la actividad económica, las infraestructuras críticas y los sistemas estratégicos. La capacidad para proteger redes, datos y servicios digitales resulta tan importante como la capacidad para desarrollar nuevas tecnologías.

Europa debe seguir fortaleciendo sus capacidades propias en ámbitos relacionados con la protección de infraestructuras críticas, las comunicaciones seguras, la inteligencia de amenazas y la seguridad de los sistemas digitales. La resiliencia tecnológica es hoy un requisito indispensable para preservar la seguridad y la autonomía estratégica.

La Comunitat Valenciana cuenta con empresas, universidades y centros tecnológicos que pueden contribuir significativamente a estos objetivos mediante el desarrollo de soluciones innovadoras y competitivas a nivel europeo.

-¿Qué medidas considera prioritarias para transformar el potencial de colaboración que existe entre empresas, universidades, centros tecnológicos y administraciones públicas en proyectos concretos para fortalecer la industria tecnológica de defensa?

La colaboración entre empresas, universidades, centros tecnológicos y administraciones públicas ya existe y tiene una gran calidad. El reto consiste en convertir ese potencial en proyectos concretos, capacidades tecnológicas y nuevas oportunidades de desarrollo industrial.

Desde mi punto de vista existen cuatro prioridades fundamentales.

La primera es impulsar proyectos orientados a resultados concretos y necesidades claramente identificadas. La investigación debe estar conectada con aplicaciones reales y con la generación de capacidades tecnológicas que aporten valor.

La segunda es facilitar el acceso de las pymes y startups innovadoras a los grandes programas nacionales y europeos. Cada vez más soluciones disruptivas proceden de empresas altamente especializadas que aportan un gran potencial de innovación.

La tercera es reforzar la transferencia de conocimiento desde universidades y centros tecnológicos hacia el tejido empresarial, favoreciendo que la investigación llegue con mayor rapidez al mercado.

Y la cuarta es proporcionar estabilidad y visión estratégica a largo plazo. El desarrollo de tecnologías avanzadas requiere continuidad, planificación e inversiones sostenidas.

El documento que define la actual Estrategia de Tecnología e Innovación para la Defensa elaborado por el Ministerio de Defensa concede una especial relevancia a la colaboración entre los diferentes actores del ecosistema de innovación y defensa. En este contexto, los clústeres desempeñan un papel esencial como elementos vertebradores, facilitando alianzas, identificando oportunidades y promoviendo proyectos conjuntos.

Desde APOLO observamos que la Comunitat Valenciana dispone de capacidades tecnológicas de gran nivel y que, cuando se generan espacios de colaboración entre empresas, universidades y centros tecnológicos, surgen proyectos con un enorme potencial de impacto tanto a nivel nacional como europeo.

El objetivo final no es únicamente generar conocimiento. Debemos ser capaces de transformar la innovación en productos, capacidades industriales y soluciones tecnológicas que contribuyan al desarrollo económico, fortalezcan la competitividad de nuestras empresas y aporten valor real a las necesidades de seguridad y defensa.

La Comunitat Valenciana dispone de talento, empresas innovadoras, universidades de referencia y centros tecnológicos de primer nivel. El desafío no es generar más capacidades, sino conectarlas de forma eficaz. Si somos capaces de hacerlo, podremos contribuir de manera significativa al fortalecimiento de la base tecnológica e industrial de defensa de España y Europa, generando al mismo tiempo innovación, empleo cualificado y nuevas oportunidades de crecimiento para nuestras empresas.

La autonomía tecnológica, la innovación dual y la colaboración público-privada constituyen una oportunidad extraordinaria para que la Comunitat Valenciana refuerce su posición en los ecosistemas español y europeo de innovación en defensa.

 

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