Ofelia Santiago, vicepresidenta de AECTA: “Europa puede ofrecer un modelo tecnológico que combine competitividad, libertad y responsabilidad”
Ofelia Santiago es vicepresidenta de AECTA y CEO de Santiago Consultores Capital Humano. Es experta en transformación, liderazgo e Innovación. Estratega, coach política y ejecutiva, es escritora y speaker internacional. CEO de Empresas + Felices España. Vicepresidenta Ejecutiva y Directora Académica del Instituto Europeo Ecofín de Liderazgo. Socia-fundadora del Clúster Madrid Capital Fintech y del Board del Women Economic Forum. Maestra de Ceremonias, Conductora y Conferencista en numerosos Congresos, Cumbres Internacionales y TEDx. Docente en prestigiosas Universidades y Escuelas de Negocios internacionales. La trayectoria de Ofelia Santiago integra pensamiento humanista, conocimiento del comportamiento humano y experiencia empresarial.
-Usted moderará la conversación estratégica «Europa en el nuevo orden tecnológico: ¿riesgo u oportunidad?». Al hilo de esta mesa, ¿considera que Europa tiene una oportunidad abierta en el ámbito tecnológico?
Europa tiene una oportunidad real, pero aprovecharla exige decisiones estratégicas, una visión profunda y colectiva, verdadera unión entre los países integrantes y capacidad de ejecución. Disponemos de talento, investigación, industria y una tradición intelectual que sitúa a la persona en el centro del progreso. Sin embargo, nuestras dependencias tecnológicas limitan la autonomía y la competitividad europeas. Es imprescindible transformar el conocimiento en innovación, facilitar el crecimiento de las empresas y desarrollar capacidades propias. Europa puede ofrecer un modelo tecnológico que combine competitividad, libertad y responsabilidad. Para lograrlo, debe dejar de ser principalmente un espacio de regulación y convertirse también en un protagonista de la innovación y de la generación de riqueza y resiliencia.
-¿Qué líneas de debate quiere abrir en esta mesa redonda durante la IX edición del Congreso de Tecnologías Emergentes?
La conversación abordará tres cuestiones fundamentales: la posición de Europa en la nueva competencia tecnológica, la capacidad de nuestras empresas para convertir la innovación en valor y las consecuencias de esta transformación sobre las personas y las organizaciones. Analizaremos las dependencias estratégicas, nuestro verdadero rol en el tablero. Retos y oportunidades en nuestro escenario. Las capacidades que necesitamos desarrollar y las condiciones para aprovechar mejor nuestro talento. También plantearemos una cuestión esencial: al servicio de qué fines queremos poner la tecnología. El progreso tecnológico no puede medirse únicamente por su velocidad o su rentabilidad, sino también por su contribución al desarrollo económico y humano en este nuevo “Orden Global”.
-Desde su experiencia como psicóloga, ¿podemos pedirle a una inteligencia artificial que sea más ética que los seres humanos de los que ha aprendido?
Podemos exigir a la inteligencia artificial mayor consistencia, transparencia y capacidad para detectar sesgos, pero no atribuirle una conciencia moral que no posee. La ética no se reduce al cumplimiento de reglas: exige discernir entre valores, comprender circunstancias y asumir consecuencias. No olvidemos que la IA reproduce los mismos sesgos que poseen las personas que la han diseñado y quienes la entrenan cada día. La psicología demuestra hasta qué punto nuestros juicios están condicionados por creencias, emociones y prejuicios. La inteligencia artificial puede ayudarnos a identificar y corregir algunas de esas limitaciones. Lo que no puede hacer es liberarnos de nuestra responsabilidad. El desafío no consiste en delegar el juicio moral en las máquinas, sino en utilizar sus capacidades para ejercerlo mejor.
-¿Estamos ante una revolución tecnológica o también ante una redistribución del poder económico, cultural y político a escala mundial?
Estamos ante una revolución tecnológica que está redistribuyendo el poder geopolítico, tecnológico, económico, político y cultural. La inteligencia artificial transforma los sistemas productivos y los modelos de negocio, mientras el control de los datos, los semiconductores y las infraestructuras digitales refuerza la influencia de determinados actores. Esta transformación alcanza también nuestra manera de informarnos, interpretar la realidad y formar opiniones donde la narrativa imperante influye de manera sustancial. La autonomía tecnológica se convierte, por tanto, en una cuestión de soberanía económica y política. Pero también de libertad intelectual. Y soberanía cognitiva. Quien controla el algoritmo, define la soberanía en la práctica. Las tecnologías que median nuestro acceso al conocimiento disponen de una capacidad de influencia que trasciende ampliamente el ámbito empresarial.
-Si llevamos la IA a procesos de la empresa como recursos humanos, ¿qué decisiones sobre personas nunca deberíamos delegar completamente en una inteligencia artificial, por muy precisa que sea?
Las decisiones que afectan de forma decisiva a la trayectoria profesional y a las oportunidades de una persona no deben delegarse completamente en una inteligencia artificial. La atracción de talento, la contratación, fidelización de nuestros equipos, despidos, la promoción o determinadas evaluaciones requieren contexto, deliberación y responsabilidad. La tecnología puede aportar información valiosa y detectar patrones, pero ningún conjunto de datos refleja toda la complejidad humana. Mi experiencia en la gestión y desarrollo del talento me ha enseñado a distinguir entre el rendimiento que una persona muestra en un momento determinado y el potencial que puede desarrollar en otras circunstancias. Las decisiones sobre personas deben seguir siendo comprensibles, revisables y responsabilidad de quienes las adoptan persiguiendo en todo caso una integración basada en el bienestar personal y organizacional.
-Usted trabaja desde hace años sobre liderazgo y transformación de las organizaciones. En la era de la IA, ¿qué cualidades humanas adquieren más valor precisamente porque las máquinas son cada vez más capaces?
El discernimiento, el pensamiento y juicio crítico, la creatividad, la inteligencia emocional; destacando la empatía y el autoconocimiento, adquieren un valor decisivo. Durante más de veinticinco años de trabajo en transformación, liderazgo, formación y coaching, he tenido el privilegio de acompañar a miles de directivos de muy distinta condición y de diferentes países. Pero podría decir que en casi todos los casos muchas de nuestras limitaciones no proceden de la falta de información, sino de la dificultad para construir nuestro liderazgo partiendo de la revelación de nuestro verdadero propósito, afrontando con valentía ese necesario “viaje interior” hacia el desarrollo de nuestra mejor versión que nos permita construir nuestra propuesta de valor. Cuestionar nuestras creencias, reconocer nuestros sesgos y afrontar la incertidumbre navegando con fluidez el nuevo océano de nuestra existencia, resultan tareas fundamentales que resultan imposibles sin conectar con nuestra razón de Ser, que es la que dará sentido a nuestra vida y orientará nuestras mejores decisiones. La inteligencia artificial multiplica nuestra capacidad de procesar información, pero no sustituye la madurez personal necesaria para interpretarla. En un entorno donde el conocimiento será cada vez más accesible, la verdadera diferencia estará en la capacidad de convertirlo en decisiones sensatas, relaciones de confianza y crecimiento evolutivo.
-¿Necesitamos un nuevo tipo de líder para dirigir organizaciones donde humanos y sistemas inteligentes van a tomar decisiones conjuntamente?
Necesitamos una evolución profunda del liderazgo. La autoridad ya no puede fundamentarse principalmente en el control de la información o en la acumulación de conocimientos. Los sistemas inteligentes ofrecen análisis y alternativas con una rapidez extraordinaria, pero corresponde al líder disponer de una visión estratégica y prospectiva, sentir y detectar las corrientes emergentes, prepararse y preparar a la empresa para los cambios que deben de gestionarse eficazmente, formular las preguntas adecuadas, contrastar recomendaciones, integrar perspectivas y asumir las consecuencias de sus decisiones. También debe generar confianza y favorecer la autonomía de sus equipos. Liderar no consiste en sustituir el pensamiento de los demás, sino en lograr las condiciones para que todos los stakeholderes creen, aporten su talento a un propósito común previamente consensuado, y desarrollen su capacidad para contribuir al mismo y crecer de forma resiliente y evolutiva. La tecnología modifica las herramientas del liderazgo, pero refuerza la importancia del criterio, la responsabilidad y la dimensión humana.
-¿Estamos enseñando a las máquinas a pensar como nosotros o, poco a poco, son las máquinas las que están empezando a enseñarnos cómo debemos pensar?
La influencia ya es recíproca. Pero debemos de prestar mucho atención a lo que de verdad constituye lo más valioso de nuestra condición de humanidad y nos hace únicos. Desarrollamos sistemas a partir de nuestro lenguaje, conocimientos y formas de razonar, pero también estamos adaptando nuestros hábitos intelectuales a las respuestas que nos proporcionan. El riesgo no es únicamente aceptar información incorrecta, sino perder la costumbre de examinar por qué consideramos válida una respuesta. Nunca debemos de renunciar a nuestro espíritu y juicio crítico.La filosofía nos enseña el valor del cuestionamiento, esa “Ironía socrática “que siempre me acompaña en cada proceso, en el análisis de cada información que recibo. La psicología explica nuestra tendencia a aceptar aquello que confirma nuestras expectativas. La inteligencia artificial puede ampliar nuestra capacidad de comprender y crear, siempre que mantengamos la autonomía de pensamiento. Pensar por nosotros mismos seguirá siendo una responsabilidad irrenunciable.